Sobrevive a ‘guerra’ el narcomenudeo…
| Unknown |» Sunday, July 31, 2011
Sobrevive a ‘guerra’ el narcomenudeo… y crece
Pese a “la guerra contra el narcotráfico” que desde hace tres años se libra en las calles de la ciudad, aquí la venta al menudeo de estupefacientes no sólo ha subsistido, el negocio creció y se ha extendido por toda la ciudad.“Ahora no hay una colonia sin venta de drogas”, dice un hombre que por casi dos décadas se ha dedicado a dar atención a víctimas de adicción, pero que por razones de seguridad pide mantener en reserva su identidad.
Para sobrevivir en medio de este combate, los narcomenudistas prácticamente replegaron su actividad de “tienditas” o “picaderos”, otros simplemente camuflajearon esos lugares de tortillerías, depósitos, tiendas de abarrotes, fruterías, cantinas y bares.
Además fortalecieron su actividad en puntos semifijos o ambulantes e incrementaron su reparto a domicilio, mencionan fuentes consultadas.
Para eso reclutaron, aun contra su voluntad, a vendedores ambulantes –de burritos, flores y fritangas–, taxistas, ruteros, amas de casa, e incluso a niños, para sumarlos a esta actividad en la vía pública.
Se ha reportado que durante operativos o acciones de revisión policiaca se han localizado estupefacientes en poder de vendedores de elotes, de flores, hamburguesas y de cigarrillos.
Disfrazaron sus actividades ilícitas llevándolas a cabo de modo paralelo a las actividades públicas comunes a otras personas, como espectador de partido en una cancha de futbol, platicando con algún amigo en una calle cualquiera o esperando a la novia en la puerta de su escuela o centro de trabajo, indican las fuentes consultadas.
La venta de drogas ilícitas se atomizó de tal forma que ahora la autoridad señala que esta actividad se ha convertido en un delito muy difícil de perseguir, aunque en realidad siempre le han prestado poca atención, así lo revelan cifras oficiales.
“La clave para sobrevivir en este negocio es ser inteligente y siempre pensar que lo peor puede venir” afirma retador un dealer -un narcomenudista- que pidió no ser identificado.
De acuerdo con este hombre, que dice que entró a este negocio empujado por su adicción a la heroína, los delincuentes también han aprendido a utilizar la ley a su favor para burlar a las autoridades: a menor cantidad de dosis, menor es la sanción.
Así, las mafias poco a poco siguieron su expansión del mercado interno de estupefacientes.
“Evidentemente ha cambiado la distribución de la droga y el consumo también es diferente; antes se tenía focalizado quiénes eran los consumidores y era, hasta cierto punto, fácil de detectar a distribuidores, pero en el transcurso de los años todo cambió”, dice el delegado de la Procuraduría General de la República (PGR), César Augusto Peniche Espejel.
De esta “explosiva” situación dan cuenta la cantidad de adictos, que tan sólo en los últimos tres años -periodo en el que se libra una guerra contra el narcotráfico- pasó de 39 mil a 45 mil, según estimaciones de la autoridad y encargados de atender a consumidores de estupefacientes.
Pero en este periodo no sólo aumentó el número de dependientes a las drogas ilícitas, el problema se extendió a más grupos de la población, por ejemplo, la edad promedio de acceso a estas sustancias bajo hasta entre 8 y 10 años, revelan datos del Sistema de Vigilancia de las Adicciones.
La situación también provocó que el índice de los delitos cometidos por adictos pasara del 70 por ciento, como se reportó en 2008, al 90 por ciento, a la fecha, indican reportes policiacos.
Estas circunstancias, afirma el delegado de la PGR, aunadas al combate que -dice- tienen contra este delito, ha obligado a las bandas delictivas a diversificarse y modificar su estructura de operación en la ciudad.
“Ya no están de manera constante en puntos muy identificados de ventas, hay ocasiones en que los consumidores señalan un domicilio de compra, pero esos domicilios mutan con mucha facilidad un día para otro, algo diferente a lo que se venía dando anteriormente que había puntos muy específicos”, afirma, al referirse a “los picaderos”, lugares fijos donde se comercializaba y consumía droga que empezaron aflorar a principios de los 90s.
Ahora, “la venta de droga se da en las calles de las colonias, la expenden taxistas, motociclistas... hasta a domicilio han ideado nuevas formas de distribuirla” agrega Peniche.
Este es el panorama actual del problema que tendrán que enfrentar el estado y municipio, luego de que a partir de agosto el combate al narcomenudeo será una más de sus responsabilidad. Actualmente este trabajo recae en la autoridad federal.
Del picadero a las ventas callejeras
Por ese negocio que tiene un mercado de consumidores cautivos en expansión, los grupos de narcotraficantes -pertenecientes a los cárteles de Juárez o de los Carrillo Fuentes y del Golfo o del Chapo Guzmán- no sólo se camuflajearon, han reclutado hasta niños para evadir la justicia.
También han recurrido a nuevas formas de comercialización para sobrevivir.
De esta manera, de 50 picaderos que se tenían ubicados en la ciudad en 1992, su número se disparó a mil 800 para 2006, pero a partir de esa fecha los puchadores o dealers adoptaron otras formas de ventas: la de ambulante, actividad se que afianzó en los últimos tres años y la cual les permitió extender el negocio pese al combate al narcotráfico que se registra en la plaza.
Personas relacionadas con esta actividad explican que con “las tienditas” o “picaderos” la situación se les complicó, pues estos lugares se convirtieron en puntos de fácil detección para policías y contrarios.
“Son muy difíciles de cuidar, así que las probabilidades de ser sorprendidos son muy altas” dice uno de los dealers.
En cambio, agrega, deambular les permite reducir los riesgos de ser capturados por los agentes policiales, es una manera relativamente sencilla de pasar desapercibidos.
De acuerdo con testimonios de vendedores, para la mayoría de los ambulantes la tecnología de comunicación es determinante pues utilizan teléfonos celulares para recibir llamadas de sus clientes e informarse sobre el punto de venta del día.
“La fisonomía tradicional de la tiendita cambio radicalmente... así era más fácil de ubicar y se tenía un riesgo mayor de pérdida de libertad y economía”, dijo de una de las fuentes consultadas.
Pero el aumento de la demanda también los obligó a cambiar.
De acuerdo con los indicadores oficiales más recientes que se tienen en materia de adicciones, el 3.24 por ciento de la población en Juárez es dependiente de las drogas.
Este indicador, mencionaron, proviene de la Encuesta Nacional de Adicciones que se realizó en la ciudad en 2005, año en el que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía reporta una población de un millón 313 mil 338.
Sin embargo, esas cifras ya están superadas. Actualmente rehabilitadores y autoridades estiman que en la localidad hay unas 45 mil personas que consumen drogas de manera habitual.
“El fenómeno de las drogas es una forma de escape de un sector de la población menos favorecido, digamos que hay zonas muy proclives, entonces, en esas colonias muy marginadas se da, unos por financiar su consumo y otros por que es una forma de subsistir” comenta el delegado de la PGR.
Trabajadores en la rehabilitación de adictos comentan que en la actualidad el problema no está presente sólo en zonas marginadas.
Hace una década la circulación de las drogas se distinguía en colonias de alto riesgo y de permanencias, pero ahora, toda la localidad es de alto riesgo.
La autoridad federal coincide en esto, pero agrega que hay puntos de gran distribución, como la Zona Centro, la colonia Santa Rosa, La Chaveña, la División del Norte, Revolución Mexicana, Leyes de Reforma, Anáhuac, La Azteca, la Altavista -en la zona conocida como La Cima- Parajes de Oriente e Infonavit Casas Grandes, entre otros.
Son corredores de drogas, de ahí permea hacia todos los rumbos, afirman.
Desafortunadamente los factores psicosociales ponen de espaldas a la ciudad ante tal situación, afirman especialistas en la materia.
Por un lado, señalan, Juárez es una ciudad con alto índice de drogas, pero también con elevado nivel de mercancía, y si a esto se le suma la pérdida de empleos de los últimos tres años, la comunidad presenta un panorama atractivo para ser atacado, afirma uno de los hombre que atiende adictos consultado sobre el tema.
“Es aquí donde vienen los oportunistas, mantienen precios de las drogas y convierten a la ciudad en un picadero gigante”, dice uno de los rehabilitadores.
De acuerdo con el Centro de Integración Juvenil (CIJ) -asociación civil incorporada al Sector Salud del Gobierno federal- y la Coordinación de Atención a las Adicciones del Gobierno estatal, en la ciudad se consume en mayor medida la mariguana, cocaína y heroína, en ese orden. Luego aparecen las drogas de uso médico como la benzodiacepinas, después está el crack y los inhalantes, éstos últimos que están teniendo un repunte, comentan grupos que ayuda en la rehabilitación de usuarios de drogas.
Lo peor es que un gran porcentaje de consumidores son poliusuarios, es decir, usan dos o más drogas.
Toda una industria
La venta de drogas ilícitas a baja escala en esta frontera se puede considerar como toda una industria.
Aunque en el narcomenudeo sólo existen dos tipos de actores: los distribuidores y los consumidores, detrás de esta actividad se encuentra una estructura perfectamente diseñada por la que fluyen al día miles de dosis.
De acuerdo con la información obtenida a través de personas relacionadas con esta actividad y quienes pidieron la reserva de su identidad, en la distribución al menudeo interviene “el distribuidor” o “el corredor”, el “halcón” -una clase de informante que informa cómo esta la situación del día, y de acciones policiacas-; “el chiflador” -quien alerta con silbidos sobre la presencia de policías o riesgos que pudiera haber para las transacciones-; el cuidador, el cobrador y “el puchador”, éste último es quien entrega la mercancía.
Todos estamos coordinados, aunque “el halcón” se vuelve parte fundamental de tu organigrama como narcomenudista”, explica una fuente con la veteranía de 10 dedicados al negocio de la droga.
Indica que en su caso, a veces hasta tienen asignado un chofer -de preferencia que no bebe alcohol ni ingiere estupefacientes- que los moviliza por diferentes sectores de la ciudad.
De acuerdo con fuentes consultadas, los distribuidores son los responsables de entregar las cantidades del estupefaciente, adquiridas a crédito, de contado o por pago en especie.
La diversidad del negocio, indican, permite que incluso hagan trueques por armas de fuego, protección, vehículos robados o artículos de contrabando y viceversa.
Esta actividad se realiza a la vista de todos.
Por ejemplo, en zonas como El Centro, si alguien se detiene a observar los repetidos movimientos de vehículos o peatones en el mismo sector comprenderá que algo ocurre, aunque a simple vista todo parece normal, porque ya sea en carros particulares, taxis, bicicletas o caminando,, lo cierto es que muchos de los que concurren ahí buscan lo mismo: drogas lo más rápido posible y alejarse sin meterse en problemas.
Que el narcomenudeo continúe expandiéndose implica, entre otras cosas, que existen redes sociales que posibilitan su reproducción a partir de tolerar o propiciar que sus miembros participen de las altas ganancias económicas resultantes del mercado negro de las drogas, dicen autoridades y ciudadanos que apoyan a los adictos.
A la sombra del combate al narco
El crecimiento de “este negocio” también revela la existencia de tolerancia o complicidad policiaca.
Fuentes consultadas presumen que las organizaciones encargadas del narcomenudeo han tejido una red de complicidades con los cuerpos policiacos de los tres niveles de gobierno, para sobrevivir.
Además, consideran, ninguno de los tres niveles de gobierno tiene la capacidad y la voluntad política para combatir el fenómeno del narcomenudeo.
Aunque el delegado de la PGR menciona que el principal problema es que ha aumentado el consumo, se diversificó la venta y eso multiplica el número de narcomenudistas.
Pero las cifras oficiales revelan que es casi nulo el combate a la venta de drogas a baja escala.
De acuerdo con datos proporcionados por la Unidad Mixta de Atención al Narcomenudeo (UMAN), de enero del 2010 a junio de este año, se han consignado sólo 297 personas por este delito, pero ni el 10 por ciento de ellos enfrentaron un proceso jurídico, por lo que están libres.
Lo más emblemático que revelan esas estadísticas es que de esa cantidad, 250 personas han sido puestas a disposición de la PGR por diversas autoridades -policías federales, estatales y municipales- pero en algunas de ellas no se ejerció ni siquiera acción penal porque no se les puede acreditar el delito.
Esta situación también se presenta porque los delincuentes han aprendido a utilizar la ley a su favor y logran burlar a las autoridades.
“Los delincuentes van muy por delante de la autoridad, salen libres haciéndose pasar como consumidores para evitar ser castigados. Han aprendido a cargar poca droga, así pueden evadir la justicia, pero también proteger su mercancía”, comenta una de las fuentes.
Aunque los datos plantean una pobre persecución del narcotráfico, para el delegado estatal de la PGR esto es producto de las artimañas de los narcomenudistas que han aprendido a declararse adictos o a cargar cantidades mínimas, por lo que tienen que dejarlos en libertad porque así lo establece la ley.
Apenas el año pasado entraron en vigor unas reformas a la Ley General de Salud en las que se establecieron como dosis máximas para consumidores: 2 gramos de opio; 50 miligramos de heroína; 5 gramos de mariguana; 500 miligramos de cocaína; 0.015 mg de LSD, así como 40 miligramos en polvo o una cápsula no mayor a 200 miligramos de drogas de diseño como la MDA, la MDMA o las metanfetaminas.
En este contexto, el combate generó un repunte, explica una fuente que se dedica a “mover” droga, “porque ahora es más fácil distribuir a baja escala que a mayor escala”, sobre todo la mariguana.
Un nuevo frente
Frente a este panorama, las autoridades policiacas estatales y municipales deberán en unos días sumarse de manera obligatoria a combatir este delito que por ahora está como responsabilidad de la autoridad federal.
Y aunque por años ambas instancias reclamaron una marginación legal para entrarle de lleno a esta lucha, ahora que ven inminente que se les otorgue esa facultad buscan detener la entrada en vigor de la misma.
El Estado alega falta de capacitación y de recursos económicos para fortalecer a las corporaciones ante el nuevo frente, en tanto que el municipio señala que combatir este delito es muy difícil.
La estructura del narcomenudeo en Juárez ha cambiado de tal forma que se hace muy difícil perseguirlo, por las cantidades pequeñas de droga que cargan los que la distribuyen, afirmó recientemente el alcalde, Héctor Murguía Lardizábal.”No es fácilmente identificable (el vendedor de droga) en un lugar específico, porque se andan moviendo en toda la ciudad; y mucho del problema es que algunos traen cantidades muy irrisorias, y eso complica el combatirlo”, añadió.Estas posturas se dan a conocer a unos días de tomar vigencia las nuevas disposiciones para que los policías estatales y municipales del Estado de Chihuahua puedan combatir directamente el narcomenudeo.
Esto luego que el año pasado, el Congreso del Estado, en una sesión realizada en Ciudad Juárez, autorizó por unanimidad una serie de reformas y adiciones a diversas disposiciones legales de la entidad, identificadas como la “Ley Estatal en Contra del Narcomenudeo” que entrarán en vigor en agosto.
Ante esto, autoridades locales han expuesto las carencias y condiciones que les impiden enfrentar este problema y aunque públicamente el gobernador César Duarte ha expuesto que “las atribuciones legales, son atribuciones irrenunciables, hay una reforma que se tiene que asumir” sus funcionarios promueven que estas disposiciones se pospongan hasta el próximo año.
Mientras las autoridades se ponen de acuerdo, la droga sigue “corriendo” por las calles de la ciudad.
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